Educación
Tecnológica:Hacia
una participación efectiva y responsable Francisca Elton Necochea
La incorporación de
la Educación Tecnológica al curriculum escolar chileno, responde a la necesidad de
formar ciudadanos capaces de interactuar creativa y éticamente con los procesos que
caracterizan el desarrollo tecnológico actual y que se manifiestan en la vida de la
comunidad y en el trabajo. La Educación
Tecnológica así concebida, es una formación propedéutica destinada a entregar
conocimientos y destrezas requeridas para participar en la sociedad en un momento
histórico, caracterizado por una continua ampliación de los dominios de acción y
producción. En otras palabras, la
Educación Tecnológica representa un esfuerzo del Estado, por incentivar y capacitar a
los ciudadanos y ciudadanas, para una participación activa en el hacer actual. Este no es
sólo un esfuerzo por dotar de trabajadores adecuados a las nuevas condiciones de las
organizaciones productivas. Es, por sobre todo, un esfuerzo por dotar de destrezas a las
personas para su participación, en un sentido amplio, en las actividades de la sociedad
actual, que se caracteriza, entre otras variables, por velocidades de cambio,
incertidumbre, trabajo colaborativo, globalización, preocupación por el impacto de las
acciones, comunicaciones instantáneas, sobre oferta de información, cambios de contextos
sociales y de trabajo. El desarrollo de un acercamiento sistemático a una práctica de
participación responsable en el mundo artificial, corresponde a crear las bases para
cambios en la cultura del hacer del país. Esta orientación hace
necesario develar los diferentes roles con que las personas participan del ámbito
tecnológico. El rol del usuario, del consumidor, del diseñador, y del emprendedor
constituyen relaciones entre personas que continuamente establecen nuevas formas y
oportunidades de vida. Es a partir de experiencias que sitúan a los alumnos y
alumnas en estas distintas perspectivas, lo que permite entregarles una visión amplia que
dé cuenta de las complejidades del mundo tecnológico y las variadas capacidades
requeridas para la acción individual y la participación social efectiva y responsable. Una fase de la
Educación Tecnológica está destinada a despertar a los estudiantes al mundo artificial
como una realidad de productos creada por personas y para personas. Es imprescindible la
certeza de que es factible perfeccionar nuestro entorno y ajustarlo de acuerdo a nuestras
necesidades, mediante nuestra propia intervención. Este despertar es el primer paso
necesario para remontar desde la convivencia pasiva con objetos y servicios hacia un
desarrollo de capacidades de intervención en la comunidad en que vivimos, más próxima o
menos próxima. Esta
comprensión, desarrollada y focalizada en los productos, se manifiesta por una parte, en
el conocimiento de lenguajes técnicos asociados a las variadas formas de descripción y
comunicación eficaces, necesarias para la concepción, diseño, producción y
ofrecimiento a los usuarios. Pero esto no es suficiente. La necesaria
complementación a esta visión de carácter tecnocéntrica, es la apropiación
comprometida del hecho que la finalidad del acto creativo tecnológico, se refiere y
afecta necesaria e inevitablemente a las personas y al ambiente, en ocasiones poniendo en
riesgo su estabilidad. Esto último permite
desarrollar una actitud crítica en tanto usuarios y consumidores frente a objetos y
servicios, y establecer una perspectiva responsable de las consecuencias de usos y
consumos de éstos en tanto diseñadores y productores. Esta comprensión dota a los actos
tecnológicos de un cariz ético, ausente en la perspectiva técnica. Los roles que hemos
identificado nos permiten continuar profundizando la comprensión de nuestra
participación en el mundo artificial y visualizar las consecuencias que se derivan de los
actos tecnológicos en diversas dimensiones, tales como la calidad de vida, el entorno
natural y artificial, el desarrollo de la comunidad, y el ambiente político, social y
económico. Es la necesidad de
absorber esta complejidad, la que devela que la naturaleza de la acción tecnológica
exige un actuar coordinado en el tiempo y que las organizaciones potencian y posibilitan
esta acción. La relación entre las personas adquiere un cariz diferente, los nuevos
roles de un hacer complejo y coordinado son funcionales al logro de objetivos comunes en
el caso de los proyectos, y funcionales a la mantención de la viabilidad en el caso de
las organizaciones, para responder a demandas concretas que nacen de necesidades
personales y sociales. Las habilidades y conocimientos asociados al funcionamiento de las
organizaciones permiten una eficaz inserción en el mundo laboral. El logro de un
adecuado equilibrio entre habilidades, reflexión sobre los actos tecnológicos
realizados, intención de la acción tecnológica y responsabilidad por las consecuencias
que de ella se deriven, permiten un actuar maduro en el mundo artificial. Este es el fin último
de la introducción del sector de Educación tecnológica en el curriculum nacional.
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